Una visión de nuestras actividades de permacultura en la finca.

Yo vine a La Mohea por primera vez en 1993, despues de haber asistido e un curso de Diseño en Permacultura, y con muchas ganas de convertir mis ideas en algo real. Los seis años desde entonces han sido llenos de inspiración, estimulación, y algo de frustración, mientras hemos trabajado hacia nuestra visión de crear una finca productiva harmoniosamente integrada en su entorno de bosque. Esta finca es una entidad viva, con una herencia de 350 años de trabajo transcurridos desde cuando las familias que colonizaron este valle empezaron a hacer bancales y plantar frutales aquí. Ahora su evolución continuada es nuestra responsibilidad, y nosotros somos los afortunados que comemos de su abundancia.

El clima aquí tiene su positivo y su negativo; los veranos cálidos y inviernos moderados nos permite cultivar una amplia gama de frutales y hortalizas. Sin embargo, Andalucía sufre de ciclos de sequía, con una tendencia aparente de sequías cada vez peor. Afortunadamente, la finca está conocida en la zona como un sitio húmedo; está orientada al norte con altas montañas detrás, y durante los dos meses del invierno la finca recibe poco sol. Durante estos meses, el rocio de la noche nunca se seca, los helechos dan verdor a las taludes, y la humedad infiltra en el suelo, recargando las aguas subterráneas. Esta humedad en el suelo mantiene los árboles y nuestro manantial durante los largos meses de verano, cuando en el lado solano del valle todo está seco.

El nombre de "La Mohea" está derivado del Arabe y significa "un gran bosque de robles", que es lo que había aquí hasta el siglo 16 cuando los Arabes fueron expulsados de la zona. En los últimos 80 años, el sobrepastoreo, tala de árboles, y daños por incendios han causado una degradación paulatina de la ecosistema del bosque, la pérdida de los robles y la invasión de pinos de la sierra. Los árboles cumplen un papel fundamental en todos los sistemas naturales, y son de importancia especial en zonas con fuertes contrastes de clima, porque protegen y stabilisan los suelos frágiles y reciclan el agua de la lluvia. Nosotros hemos propagado, plantado e injertado cientos de árboles aquí, así que vivimos entre ellos, en vez de vivir rodeado de gente como en una ciudad.

Cultivamos nuestras hortalizas debajo de los mandarinos, naranjos, albaricoqueros, y ciruelos; a las hortalizas les viene bien algo de sombra, y los árboles responden con mayor vigor al aumento de humedad y fertilidad en el suelo. Acolchamos el suelo en los huertos con helechos del bosque, y recogemos lana de oveja del pastor para acolchar los árboles y las patatas. Hemos creado nuevos vergeles de manzanos, ciruelos, cerezos, albaricoques y peras, y entre ellos hemos plantado tagasaste, un arbusto leguminoso de Canarias (que fija nitrógeno en el suelo), como fuente de acolchado, forraje para las gallinas (que comen las hojas y las semillas), y para mejorar el suelo y proteger los frutales nuevos del sol de verano. Sembramos abonos verdes cada otoño, y la cubierta vegetal está cambiando de monte bajo a pastos con una mezcla de graminea y leguminosas.

El mejor sitio de almacenar agua es en el suelo, porque tiene una capacidad inmensa, y aumentar la infiltración del agua de la lluvia en los pendientes es un tema clave en las zonas áridas. La escorrentía del carril dirigimos a bancales o zanjas que cruzan el pendiente, donde el agua se extiende y infiltra en el suelo, depositando su carga de sediemento y hojas. Hemos construido sistemas de zanjas al nivel en los pendientes para maximizar la infiltración de agua; estas zanjas se plantan de árboles frutales para aprovechar la humedad. Con el tiempo, las zanjas se llenan de sedimento, y pequeños bancales desarrollan. En los pendientes más fuertes, aprovechamos los tallos de brezo para prestar mayor estabilidad a las lomas de tierra que retienen el agua en la zanja.

Todo el terreno está cubierto de árboles: cerezos y nogales en los arroyos húmedos, castaños y higueras en los bajos, y alcornoques y pinos en las lomas secas. La observación de donde estos árboles se hallan de forma natural en el paisaje, junto con los arbustos del monte bajo, nos enseña de los suelos, humedad, y microclima en cada sitio. Utilisamos estas observaciones para guiar el diseño de las plantaciones de frutales en el monte, con el fin de sustituir los pinos con especies de mayor utilidad como albaricoqueros, almendros y arbustos leguminosos.

Los incendios son un factor importante en el manejo del bosque. Al principio, dejamos el monte bajo a crecer, preferiendo el aspecto natural del bosque, pero hemos visto que la limpieza selectiva del monte es fundamental para minimizar el riesgo de incendio. La producción de biomasa es muy rápida, y cuando se limpia una zona de monte, al final se queda con montones de broza. En vez de quemarlo en el mismo lugar, que es la práctica normal aquí, sacamos provecho de este recurso. Los tallos largos de brezo son utiles para crear barreras para prevenir la erosión en los pendientes, para hacer corrales para las gallinas, y para hacer tipis para judías. Tambien es una leña de alto valor calorífico. Los desbroces finos, y de arbustos espinosos, utilisamos para el horno de leña.

Los extremos de clima son otro factor que hay que tomar en cuenta en cualquier diseño de permacultura para esta región. Después de la última sequía llegaron las lluvias torrenciales; el acceso aquí estaba cortado durante algunos días por desprendimientos; partes de los valles sufrieron inundaciones. Las lluvias demostraron la resiliencia de los métodos de permacultura. La combinación de árboles y la cubierta vegetal del suelo en el bosque y los huertos, y los muros de piedra cruzando los arroyos, restringe la erosión a un mínimo, a la vez que aumenta la infiltración del agua. Como contraste, los olivares y castañares sufren daños por la lluvia cada año, perdiendo cantidades de suelo fértil, por la práctica de quemar toda la hojarasca y arar, que deja el suelo desprotegido.

Nos complace mucho ver el éxito de nuestro sistema de permacultura - su estabilidad y su adaptabilidad frente a condiciones climáticas variables. Cada año parece que el clima es menos fiable, con nieve en 1998 (la primera vez en 50 años), sequía en 1999 (el segundo año más seco del siglo), y una tormenta de granizo el principio de 2000. Pero a pesar de esto, la finca prospera, los árboles siguen su ciclo productivo anual, y siempre hay algo para comer en el huerto.

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